ir arriba

sábado 17 de octubre de 2009

Autosabotaje

Por fin recordé la página en la leo diversos blogs, una especie de sindicación (se hace más fácil así acceder al contenido actualizado o nuevo, todos de una vez). Empecé por el blog de Lorraine C. Ladish. Y leí sobre la envidia, el dejarse llevar por las frases malintencionadas o negativas, sobre los comentarios que nos frenan y nos hunden; y sobre la posibilidad de elegir entre dejarnos llevar o luchar, entre dejarnos caer o mantenernos fuertes, entre desanimarnos o reafirmarnos. Y me ha gustado. Pero de pronto me he quedado parada pensando que eso está muy bien, que es genial poder analizar lo que nos dicen o cómo actúan con nosotros y darse cuenta de si hay pesimismo, envidia, celos... o apoyo en el otro.

Pero... ¿y qué ocurre cuando nos saboteamos a nosotros mismos? ¿cuando nuestro crítico interior nos frena, movido por el miedo, la vergüenza o sentimientos similares? ¿Y cuando nuestra propia inseguridad nos lleva a preguntar al otro? ¿cuando no estamos seguros de tomar una decisión y pedimos consejo u opinión constantemente a otra persona? ¿no es eso una forma de sabotearnos a nosotros mismos? ¿de "victimizarnos"? Sí, victimizarnos, porque la decisión última es nuestra, no elegimos lo que dice otra persona sin más, lo hacemos por miedo, por inseguridad, porque no aceptamos de nuestro propio criterio. Porque tras tantas peticiones de ¿tú que opinas?, ¿a ti que te parece?, ¿cuál te gusta más?, ¿qué prefieres?, no sé qué hacer, ¿qué harías tú?, así ¿no?, ¿hago esto o lo otro?... la confianza en nuestro propio criterio se ha quedado atrás y cada vez que pedimos opinión damos un paso hacia delante, quedando un poco más alejados de nuestro criterio. Porque es una inseguridad que se forja a lo largo de los días y los meses, no una duda puntual o temporal por una mala racha, suele estar presente durante largo tiempo, tanto que nos cuesta averiguar cuándo empezó.

¿Por qué pregunto tanto pidiendo opinión? Y sobre todo, ¿por qué me quejo después si decido seguir la opinión -y por tanto, el criterio- de otra persona? Me refiero sobre todo a la típica frase: ¿para qué habré hecho tal cosa si sabía que ...? / sabía que no tenía que... Y si uno consigue darse cuenta de que ha elegido eso porque nos lo ha aconsejado otra persona y no la culpabiliza a ella (la decisión al fin y al cabo es nuestra, nosotros somos los que elegimos, aunque sea lo que nos ha dicho la otra persona), se siente mal por no haber seguido su propia opinión. Así que se siente uno mal por partida doble: porque algo no ha salido "bien" (como nos gustaría, por haberse equivocado) y por haber seguido un criterio que no era nuestro y no nos convencía del todo. Parece que siempre es más fácil, por un lado, echar la culpa a otra persona; y, por otro lado, fiarse de un criterio que no sea nuestro.

Es la inseguridad "elevada a la quinta potencia". Por eso lo llamo autosabotaje.

Es humano cometer errores y tener inseguridades, y por lo tanto, muy difícil sería no tenerlas. Lo "ideal" sería preguntar siempre primero a nuestro criterio y cuando no conozcamos lo suficiente, pedir opinión a otra persona, tras lo cual, reflexionaríamos y decidiríamos. Pero como la inseguridad nos hace dudar de cuánto sabemos o de si sabemos lo mismo o más que otra persona, nos sabotea y nos crea, poco a poco, primero la costumbre y luego la necesidad de preguntar y de pedir opinión.

Creo que se nota, y si no lo afirmo yo, que siento rabia por sabotearme a mi misma de esa forma; que estoy harta de sentir tanta inseguridad, me da rabia tener tanta y me gustaría que cambiase. [ :-) ¿habéis visto que no he dicho "debería"? ¡qué bien!]

Resumiendo: está muy bien apartarse de la envidia y el pesimismo, incluso de aquellas personas que quieren hundirnos o no nos desean alegría y felicidad, pero si no confiamos en nosotros mismos, en nuesta opinión, nuestro criterio, ser fuerte se convierte en algo complicado, porque nos saboteamos al dudar tanto y tan constantemente en nosotros y al final el pesimismo nace de dentro. Al final las dudas del envidioso o los obstáculos del negativo nacen de dentro. Y tristemente a menudo lo ignoramos, no lo vemos o no sabemos verlo y culpamos a otros de los resultados que, incoscientemente, hemos auspiciado nosotros, bueno, nuestra inseguridad.

¡ay!

Un saludo.
Ya estoy de vuelta.

jueves 23 de abril de 2009

¿Publicidad engañosa?

El anuncio de un programa de televisión reza: “Nueve personas quieren mejorar su calidad de vida” (locutor); “Me voy a casar con mi novio y para ese día tan especial quiero estar más delgada y más guapa” (una de las participantes). “Cuestión de peso” es el título del programa.

Al final va a resultar que la publicidad sí es engañosa y que los medios de comunicación SÍ tienen algo que ver en estos trastornos. ¿Querer estar más guapo es mejorar la calidad? Si es mejorar la calidad de vida, es que es para “el resto de nuestra vida” pero: “para ese día tan especial”... suena más a querer lucirse para tener unas fotos bonitas para la posteridad.¿ Qué nos venden entonces? ¿Que la delgadez es bonito? ¿Que hay que estar guapo y delgado para tener más calidad de vida? Pues ¿qué es la calidad de vida para estas personas, gustar más? ¿Que la gente se gire al verte pasar? ¿Que te envidien por tu belleza? Y cuando sigamos creciendo y lleguemos a los 60, 70 u 80 años de edad, ¿ tendremos que operarnos para seguir estando bellos y delgados?

Queridos lectores, el primer requisito para adelgazar y tener calidad de vida es tener una autoestima sana y fuerte, equilibrada. En caso contrario, intentar llevar un régimen sólo supondrá una bajada de autoestima, cambios de humor, sensación de fracaso y que no consigamos nuestro objetivo a largo plazo –a saber, mantenernos sanos, en un peso que nos permita estar sanos- , porque, ¿de verdad queremos estar delgados y guapos sólo para un día? O se trata más bien de tener la mejor salud posible durante el mayor tiempo posible?
Recuerdo otro programa de televisión, uno de esos “shows” en directo, mezcla de gran hermano y operación triunfo, aunque en este caso el éxito era mejorar psicológicamente y el camino, una terapia en vivo y en directo (con psicólogos, o “coacher” ). Una de las concursantes, o mejor dicho, pacientes, era una mujer joven, casada y con hijos cuyo objetivo era recuperar su figura, porque había probado varias dietas pero no lo conseguía. ¿Y cómo es que alguien que quiere perder peso recibe terapia psicológica? ¡sorpresa! Porque lo que quería no era perder peso, sino ser feliz y hoy en día la idea de que estar delgado es ser feliz está aaaaampliamente extendida (que nos lo digan a nosotr@s los que sufrimos un trastorno de alimentación, ¿verdad?).
¿Queréis saber qué ocurrió? La mujer recibía ayuda (o era tratada, como más os guste) de un nutricionista, para enseñarla a comer; de un profesor de gimnasia, para ponerse en forma; y de una psicóloga, para reforzar su autoestima y tratar todo lo que fuese saliendo y fuera necesario. La mujer permaneció varias semanas en la casa, junto con otras compañeras, cada una con lo suyo, haciendo actividades colectivas y otras individuales. El tiempo que el paciente permanecía en la casa dependía de su evolución personal. Esta mujer no llegó a completar su tiempo porque su objetivo, adelgazar, ya no era lo que quería. Ella misma lo dijo. Tenía ganas de ver a sus hijos, de volver a su casa y ya no quería adelgazar, se encontraba bien como estaba (conste que no había llegado al objetivo marcado antes de entrar y por lo tanto la decisión de irse no era porque ya se sintiese suficientemente delgada). La terapia había reforzado su autoestima, le había ayudado a conocerse y reconocer qué era lo que iba mal y lo que realmente quería. Ella deseaba que la relación con su marido fuerse distinta, quería ponerse a trabajar, dedicarse a otras actividades fuera de la casa y los niños. Cuando se dio cuenta de aquello, cuando aprendió a enfrentarse a ciertos comportamientos egoístas consigo misma y cuando le hicieron ver que tenía derecho y que podía hacer esas otras cosas que quería, la necesidad de perder peso desapareció.
Un caso más.
Un ejemplo más.
Una vida más feliz.

Y, volviendo al principio, una publicidad engañosa más.

jueves 19 de febrero de 2009

Aún respiro...

Hola.
Escribo para dar señales de mi existencia en La Tierra. Siento no poder estar ahí para animaros y para escribir en el proyecto que tenemos en Tecau.
Mi mente anda dispersa. Comienzo algunos relatos y termino muy pocos (uno que era muy cortito); leo libros de forma impulsiva, me zambullo tanto en ellos que voy por la calle pensando que soy uno de los personajes y, poco a poco, me retraigo de la realidad y me despisto de mis quehaceres familiares y de atender un poco mejor a los que me quieren.
No es una queja, sólo un hecho.

Por otro lado, sigo teniendo ilusiones, efímeras y siempre truncadas, lo que me provoca bajones, pero las tengo y me animan a seguir adelante. También empecé a ir a terapia, por si alguien se lo preguntaba.

No dejo de sonreír, soltar alguna carcajada e incluso de ponerme una falda muy de cuando en cuando. Mi cuerpo parece resistirse a la depresión, y eso se lo agradezco, porque si ya tengo algunos momentos difíciles, no sé cómo podría aguantarlos de ser más constantes.
No voy a negar que las ideas suicidas no ronden por la cabeza, pero bueno, eso ni es nuevo en mi vida ni sé si alguna vez dejó de ser la otra opción. Yo prefiero tomármelo a risa, reírme de mí misma y de mis absurdos pensamientos y parece que a ratos funciona.

Ahora mismo estoy de bajón, y por eso este "correo" suena tan gris y pesimista. Mañana veré una foto de mi sobrina, con su dulce e inocente carita; mi compañero de trabajo me gastará una broma, y me reiré a primera hora de la mañana con el programa de radio; recibiré algún achuchoncito, alguna sonrisa; veré el sol y respiraré el aire frío moviendo los pies. Volveré a sentirme viva, en algún modo; al fin y al cabo, nunca dejé de estarlo, ¿no?

Pues, nada, eso que sigo respirando y ¡dando guerra a los míos! ;)
Un beso para tod@s.

domingo 21 de diciembre de 2008

Si alguien lo lee...

Si alguien lee este libro, que me cuente qué le parece. Desconozco a su autora y no he leído más que el recorte que pego aquí abajo. Es una novela, pero tiene también una historia de bulimia. Lo vi esta mañana en una gran librería, dando un paseo por el centro y viendo posibles regalos. No sé... no me atreví a comprarlo, pero el título (las vacas de Stalin) y la pequeña foto en la que se veían unas delgadas piernas sobre unas báscula, me hicieron sospechar.

Las vacas de Stalin, de Sofi Oksanen.
Sinopsis:
Tres mujeres, tres generaciones: La historia de una Europa dividida entre el este y el oeste, el hambre y la bulimia.
Anna no está dispuesta a creer en las malas consecuencias de la bulimia salvaje que padece. ¿Qué puede haber de malo en algo que le provoca un placer comparable al del sexo y hace que se sienta divina? Perdida en sus obsesiones, necesita controlar su destino y no quiere repetir los errores de su madre, Katariina, que huyó de la Estonia soviética a Finlandia y desde entonces malvive entre la paranoia y la amargura. Del otro lado de la frontera, la abuela de Anna, Sofia, subsiste como la memoria descarnada del absurdo estalinista.

Info de 451 Editores.