Pero... ¿y qué ocurre cuando nos saboteamos a nosotros mismos? ¿cuando nuestro crítico interior nos frena, movido por el miedo, la vergüenza o sentimientos similares? ¿Y cuando nuestra propia inseguridad nos lleva a preguntar al otro? ¿cuando no estamos seguros de tomar una decisión y pedimos consejo u opinión constantemente a otra persona? ¿no es eso una forma de sabotearnos a nosotros mismos? ¿de "victimizarnos"? Sí, victimizarnos, porque la decisión última es nuestra, no elegimos lo que dice otra persona sin más, lo hacemos por miedo, por inseguridad, porque no aceptamos de nuestro propio criterio. Porque tras tantas peticiones de ¿tú que opinas?, ¿a ti que te parece?, ¿cuál te gusta más?, ¿qué prefieres?, no sé qué hacer, ¿qué harías tú?, así ¿no?, ¿hago esto o lo otro?... la confianza en nuestro propio criterio se ha quedado atrás y cada vez que pedimos opinión damos un paso hacia delante, quedando un poco más alejados de nuestro criterio. Porque es una inseguridad que se forja a lo largo de los días y los meses, no una duda puntual o temporal por una mala racha, suele estar presente durante largo tiempo, tanto que nos cuesta averiguar cuándo empezó.
¿Por qué pregunto tanto pidiendo opinión? Y sobre todo, ¿por qué me quejo después si decido seguir la opinión -y por tanto, el criterio- de otra persona? Me refiero sobre todo a la típica frase: ¿para qué habré hecho tal cosa si sabía que ...? / sabía que no tenía que... Y si uno consigue darse cuenta de que ha elegido eso porque nos lo ha aconsejado otra persona y no la culpabiliza a ella (la decisión al fin y al cabo es nuestra, nosotros somos los que elegimos, aunque sea lo que nos ha dicho la otra persona), se siente mal por no haber seguido su propia opinión. Así que se siente uno mal por partida doble: porque algo no ha salido "bien" (como nos gustaría, por haberse equivocado) y por haber seguido un criterio que no era nuestro y no nos convencía del todo. Parece que siempre es más fácil, por un lado, echar la culpa a otra persona; y, por otro lado, fiarse de un criterio que no sea nuestro.
Es la inseguridad "elevada a la quinta potencia". Por eso lo llamo autosabotaje.
Es humano cometer errores y tener inseguridades, y por lo tanto, muy difícil sería no tenerlas. Lo "ideal" sería preguntar siempre primero a nuestro criterio y cuando no conozcamos lo suficiente, pedir opinión a otra persona, tras lo cual, reflexionaríamos y decidiríamos. Pero como la inseguridad nos hace dudar de cuánto sabemos o de si sabemos lo mismo o más que otra persona, nos sabotea y nos crea, poco a poco, primero la costumbre y luego la necesidad de preguntar y de pedir opinión.
Creo que se nota, y si no lo afirmo yo, que siento rabia por sabotearme a mi misma de esa forma; que estoy harta de sentir tanta inseguridad, me da rabia tener tanta y me gustaría que cambiase. [ :-) ¿habéis visto que no he dicho "debería"? ¡qué bien!]
Resumiendo: está muy bien apartarse de la envidia y el pesimismo, incluso de aquellas personas que quieren hundirnos o no nos desean alegría y felicidad, pero si no confiamos en nosotros mismos, en nuesta opinión, nuestro criterio, ser fuerte se convierte en algo complicado, porque nos saboteamos al dudar tanto y tan constantemente en nosotros y al final el pesimismo nace de dentro. Al final las dudas del envidioso o los obstáculos del negativo nacen de dentro. Y tristemente a menudo lo ignoramos, no lo vemos o no sabemos verlo y culpamos a otros de los resultados que, incoscientemente, hemos auspiciado nosotros, bueno, nuestra inseguridad.
¡ay!
Un saludo.
Ya estoy de vuelta.















